LONDRES (AP) — En la enciclopedia de las torpezas políticas, la decisión de Theresa May de convocar a elecciones anticipadas para reforzar su mandato para el Brexit figurará entre las más memorables… e innecesarias. Dos meses atrás, la primera ministra británica contaba con una amplia mayoría en el Parlamento y varios años para cumplir con el mandato de su partido. No tenía por qué arriesgar su posición y había dicho antes que no era necesario convocar a elecciones.

Sin embargo, seguramente confiada por la enorme ventaja de su partido en las encuestas _de 20 puntos en la mayoría de ellas_, la perspectiva era demasiado tentadora. En ese momento parecía una decisión sensata.

Su principal opositor, el laborista Jeremy Corbyn, conocido por sus posiciones izquierdistas, sufría un contratiempo tras otro: ni siquiera tenía el apoyo firme de sus propios legisladores. Parecía una certeza que May ganaría fuerza, obtendría un mandato en su propio nombre (no como mera sustituta de su antecesor caído en desgracia David Cameron) y cinco años para negociar la salida británica de la Unión Europea sin tener que pasar por una molesta elección general a la mitad.

Por eso arrojó los dados… pero perdió.

Tras los comicios del jueves, el Partido Conservador mantiene el mayor número de bancas, pero carece de mayoría parlamentaria. Tal vez pueda formar un gobierno en minoría en los próximos días y semanas, pero su capacidad de aferrarse a las llaves de la residencia de 10 Downing Street está muy en duda. Su objetivo declarado de unificar el país de cara a las negociaciones del Brexit con los líderes de la UE ha quedado totalmente fuera de su alcance.

El resultado ha provocado una nueva corrida contra la libra esterlina y generado mayor incertidumbre entre los líderes de la UE acerca de las prioridades británicas en el Brexit.

Aún no se puede decir con certeza qué significará el paso de gobierno mayoritario a minoritario para el Brexit. Algunos expertos dicen que la inesperada pérdida de bancas conservadoras constituye un rechazo del “Brexit duro” por el que aboga May, que retiraría al país del mercado común y la unión aduanera.

Tal vez los votantes rechazaron su consigna de que “ningún acuerdo es mejor que un mal acuerdo” porque evoca la perspectiva de una salida del bloque sin un sistema comercial e inmigratorio que reemplace los mecanismos aceitados creados por décadas de integración europea.

El fortalecido Partido Laborista de Corbyn respalda oficialmente el resultado del referendo sobre el Brexit, pero muchas figuras influyentes quieren una salida “blanda” y ahora sus posiciones tendrán mucho más peso.

El ascenso de Corbyn es una de las grandes sorpresas. Desdeñado por muchos comentaristas por demasiado izquierdista, demasiado pacifista, manchado por su pasada asociación con Hamas y el IRA, el barbudo y a veces desgreñado Corbyn parecía adolecer de un déficit crónico de carisma… hasta que empezó la campaña. A pesar de algunos tropiezos iniciales, realizó una campaña disciplinada, coherente y hábil que aprovechó los errores de May.

Ganó terreno cuando ella pareció insinuar lo que se calificó rápidamente de “impuesto a la demencia senil” _que obligaría a los ancianos a vender sus viviendas para pagar los cuidados que requerían_ y en los últimos días atacó ferozmente a May por despedir a 20.000 policías durante su mandato, un argumento de peso tras los ataques terroristas en Manchester y Londres.

A pesar de los violentos ataques a Corbyn de la prensa derechista, fue la carrera de May la que quedó por los suelos.

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Gregory Katz cubre la política británica desde hace dos décadas.

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