SAN DIEGO (AP) — Al menos 504 californianos con enfermedades terminales han pedido medicamentos para terminar sus vidas desde junio del 2016, cuando entró en vigor una ley que permite la muerte asistida por un doctor, de acuerdo con cifras divulgadas el jueves.

Las cifras solo incluyen a quienes han llamado a Compassion & Choices, organización intercesora que ofrece información sobre el proceso. Es la primera lista pública de cómo la práctica está funcionando en el estado más poblado del país. La organización cree que la cifra total es mucho más alta. Funcionarios estatales todavía no han divulgado cifras al respecto.

La manera cómo funciona la ley en California podría dar una idea de lo que podría pasar si es que la práctica se extiende a todo el país. Algunos creen que ofrecer esa alternativa a los enfermos incurables es una evolución lógica en un sistema de cuidado médico que ha logrado extender el tiempo de vida pero no ha podido evitar las muertes lentas y tortuosas.

Los críticos denuncian que la opinión llevará a decisiones prematuras, diagnósticos equivocados y falta de apoyo al cuidado paliativo, en el que el enfermo es sedado para aliviarle el sufrimiento.

Betsy Davis fue una de las primeras californianas en usar la nueva ley. La artista de 41 años que tenía ALS, o enfermedad Lou Gehrig, hizo una fiesta para despedirse de sus familiares y amigos antes de tomar la dosis mortal de drogas el 24 de julio.

Su hermana, Kelly Davis, dijo que la familia no lamenta su decisión.

“Ha reforzado mi creencia en la ley”, dijo Kelly Davis. “A veces pienso en qué etapa de la enfermedad estaría mi hermana ahora. ¿Estaría en una máquina para respirar? ¿Podría comer? Creo que estaría en la máquina para respirar, y que no podría ni comer”.

“Pienso en cuánto me habría dolido verla sufrir. El hecho de que ella tuvo la opción, ella optó por esa opción, le devolvió una sensación de control”, dijo Davis.

Oregón fue el primer estado en aprobar esta ley en 1997. Reportó que 204 personas recibieron medicamentos para terminar sus vidas el año pasado. De estas, 133 murieron tras tomar las drogas, incluyendo 19 personas que habían sido aprobadas años anteriores. La mayoría tenía cáncer y más de 65 años.

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