LONDRES (AP) — Durante ocho angustiosos minutos, las órdenes llegaron de todas direcciones, frenéticas y contradictorias. Las multitudes se dispersaron, en ocasiones hacia el trayecto de los hombres que intentaban matarlas. Las patrullas pasaron junto a los atacantes hacia la camioneta que éstos abandonaron. Sillas, botellas e incluso una canasta volaron por el aire mientras los peatones aterrorizados trataban de contener a los tres hombres y comprender qué ocurría.

Gerard Vowls estaba al otro lado de la calle frente a una sucursal del banco Barclays cuando escucho a alguien gemir: “he sido apuñalado”. Pensó que era una broma. Pero cuando el hombre se recargó débilmente contra una pared, la sangre era demasiado real. Momentos después, mientras un transeúnte ayudaba al hombre herido, Vowls vio a los tres terroristas atacar con sus cuchillos a una mujer que estaba cerca.

“Los tres tipos, sí, estaban apuñalando a esta mujer constantemente, los tres, sin parar. Simplemente apuñalándola desde cualquier dirección, los tres alrededor de ella. Abalanzados sobre ella”, afirmó. “Los escuché decir una cosa: ‘Esto es por Alá'”.

Las patrullas de la policía pasaban a toda velocidad sin detenerse en ese lugar, tan enfocadas en llegar hacia la camioneta que los atacantes habían abandonado después de estrellarla contra una multitud en el Puente de Londres que aún no se percataban del caos en el Mercado Borough.

Vowls trató de distraer a los hombres que traían cuchillos y advertir al barrio lleno de restaurantes y bares repletos. Gritó mientras corría por las calles, según su versión y la de transeúntes que creen que salvó muchas vidas el sábado en la noche. Las puertas se cerraron de golpe. Los atacantes retrocedieron de al menos un establecimiento cuando enfrentaron una lluvia de botellas de vidrio.

En otro, Richard Angell estaba conversando con amigos cuando un guardia de seguridad gritó que buscaran refugio. Un mesero atoró la puerta con su pie para evitar que alguien entrara. La gente volteó las mesas y se protegió debajo de sillas. La comida salió despedida por el aire.

Las imágenes comenzaron a tener coherencia. Angell vio a alguien lanzar una mesa y entendió que era “un tipo heroico que vio lo que estaba ocurriendo” _al parecer Vowls_ y que estaba tratando de mantener a raya a los atacantes. Vowls dijo que cogió cualquier cosa que estuviera a la mano: sillas, un taburete y botellas de cerveza.

“Y empecé a decir ¡’Oh, terroristas, cobardes, oh!'”, comentó Vowls. Intentaba atraerlos hacia una avenida principal y hacia donde la policía ya podía alcanzarlos con sus balas. No obstante, las patrullas se dirigieron en la dirección equivocada. Vowls corrió de regreso y encontró a un policía local, diciéndole que sabía dónde estaban los atacantes. A pesar de estar desarmado en un país donde pocos policías portan un arma de fuego, los dos regresaron hacia el restaurante.

Para entonces, el pánico se había apoderado del Mercado Borough.

Rhiannon Owen, una estudiante de enfermería en Londres, dijo que estaba parada frente a un cajero automático cuando un taxista salvó su vida.

“El taxista viró hacia mí y gritó, ‘¡corre! ¡Tienes que correr! ¡Ellos tienen un cuchillo!'”, comentó Owen. “Su rostro daba a entender que algo estaba muy mal, y yo simplemente comencé a correr tan rápido como pude. Había sirenas por todos lados, gente gritando, el cristal de una tienda había sido destrozado. Había un tipo, estaba herido. Yo sólo corrí”.

___

Jo Kearney, David Keaton y Raphael Satter en Londres contribuyeron a este despacho.

NO COMMENTS

Leave a Reply

Time limit is exhausted. Please reload the CAPTCHA.