MARAWI, Filipinas (AP) — Dentro de Marawi, una ciudad ubicada a orillas de un lago con cientos de mezquitas, un poderoso rebelde designado por el grupo Estado Islámico como su líder en Filipinas ha logrado unificar a grupos armados dispersos bajo un mismo comando.

Durante la última semana, sus combatientes han mostrado su fuerza resistiendo un ataque sostenido de las fuerzas armadas filipinas e intensificado los temores de que la violenta ideología del grupo EI esté arraigándose en las intranquilas islas del sur del país, donde durante décadas ha existido una rebelión separatista musulmana.

El ejército insiste en que el prolongado combate no es un signo verdadero de la fuerza de los milicianos, y que las fuerzas militares han restringido su avance para evitar la muerte de civiles.

“Son débiles”, dijo el general Eduardo Año, jefe del Estado Mayor, respecto a los hombres armados. Año dijo lo anterior en un hospital donde estaban siendo atendidos soldados heridos. “Es sólo cuestión de tiempo para que los saquemos de todos los sitios donde se ocultan”.

A partir del martes en la mañana, el ejército, en búsquedas casa por casa, había despejado el 70% de la ciudad y los rebeldes restantes estaban aislados, agregó el militar.

Sin embargo, los milicianos han resultado estar notablemente bien armados y se recuperan rápidamente.

El lunes volaban bajo helicópteros de ataque en Marawi, desde los cuales se dispararon cohetes a escondites de los rebeldes, mientras soldados fuertemente armados iban casa por casa en busca de milicianos.

Los rebeldes islámicos han mantenido en aprietos al ejército filipino: han quemado edificios, han tomado al menos una decena de rehenes y han ocasionado que huyan decenas de miles de residentes.

Año dijo el martes que el comandante rebelde Isnilon Hapilon, continúa oculto en algún lugar de la ciudad. Las autoridades intentaban confirmar la muerte de otro rebelde de alto rango.

El presidente Rodrigo Duterte declaró la ley marcial en el sur que estará en vigor hasta mediados de julio después de que los milicianos desataron una ola de violencia letal en Marawi la semana pasada tras una fallida redada del ejército para capturar a Hapilon.

En años recientes, grupos milicianos pequeños en Filipinas, Indonesia y Malasia se han comenzado a unificar bajo la bandera del grupo Estado Islámico.

José Calida, fiscal general filipino, dijo la semana pasada que entre los combatientes en Marawi había indonesios y malasios, y que la violencia en la isla grande de Mindanao, en el sur del país, “ya no es una rebelión de ciudadanos filipinos”.

Ano, que citó la más reciente información de inteligencia sobre la lucha, dijo que tres malasios, un indonesio y quizá extremistas árabes murieron en la lucha en Marawi.

Rohan Gunaratna, experto sobre terrorismo en la Escuela de Estudios Internacionales S. Rarajatnam, de Singapur, cree que el EI y grupos regionales menores trabajan juntos para mostrar su fuerza y proclamar a una provincia filipina parte del califato que el EI afirma ha creado en el Medio Oriente.

Señaló que la lucha en Marawi, junto con enfrentamientos menores en otras partes del sur de Filipinas, podrían ser el preludio de que los rebeldes pretenden declarar la provincia parte del califato, lo que sería “un enorme triunfo para los terroristas”.

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